El combo se arma solo. El precio se ajusta solo.
Defines el combo una vez con sus opciones y sus extras. El cajero escoge acompañante, bebida y agregados con un toque, y malla recalcula el precio al instante. Sin equivocarse ni hacer cuentas de cabeza.
Cada extra suma su monto solo. Queso adicional, sin cebolla, cambio de acompañante: todo queda claro en el ticket y en la cocina.
Lo que arma el cajero llega igualito a la pantalla de cocina. Nadie interpreta una nota escrita a la carrera.
Cada pedido, con su estado a la vista.
La pantalla de cocina muestra qué se recibió, qué se está preparando y qué está listo para entregar. Nadie se queda adivinando en qué va cada pedido durante el pico.
Datos ilustrativos. Tu cocina ve sus propios pedidos en vivo.
La cocina a full. Los pedidos en orden.
En el pico nadie tiene tiempo de interpretar notas. La plancha lee la pantalla, arma en orden y entrega caliente. El caos queda afuera.
El pedido sale como se pidió, aunque haya diez personas en cola.
El pico termina y la caja ya cuadró.
malla consolida el turno mientras el equipo todavía está limpiando la plancha, por divisa y por caja. Nadie se sienta a sumar tickets.
Al cerrar, ventas, pedidos y formas de pago cuadran solos. No te quedas media hora sumando tickets.
Si el pico obliga a abrir una segunda caja, cada una cierra por separado y el total del turno las junta solo.
Ejemplo ilustrativo. Los montos no son datos reales.
Lo que los dueños de comida rápida nos preguntan.
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