El mismo POS, dos formas de vender.
Un mesero arma un plato personalizado. Un cajero de tienda escanea un producto y cobra en segundos. Es el mismo sistema, ajustado a cada flujo.
Tocas el plato, eliges sus opciones si el negocio las tiene (término, extras, salsas) y el pedido sale directo a cocina o barra con las instrucciones exactas. La cuenta se cobra cuando la mesa lo pide, no antes.
Buscas el producto por nombre o código, lo agregas al carrito y cobras. Sin pasos de personalización ni espera a que algo se prepare: el producto que ves es el que se lleva el cliente.
En los dos casos el POS lee directo de tu inventario, ya sea Recetas o Catálogo, así que nunca vendes algo que ya no tienes.
Un cajero nuevo cobra hoy.
No hay manual que leer ni capacitación de una semana. Los productos están organizados por categoría, el flujo de cobro es lineal, y cada paso es claro.
Tablet, computadora o cualquier pantalla táctil. Abres el navegador, inicias sesión y el negocio está listo para operar. Nada que instalar.
Cada cajero entra con su propia sesión, así cada venta queda asociada a quien la hizo, sin compartir un usuario genérico.
Cierras la venta. Todo lo demás pasa solo.
El POS no vive aislado. Cuando cierras una venta, el resto del negocio se entera al instante, sin que nadie tenga que ir a actualizar nada a mano.
Cuatro cosas que cualquier mostrador le exige a su POS.
Lo que no es negociable cuando el cajero cambia cada turno y la fila no puede esperar.
Un cajero nuevo cobra su primera venta el mismo día.
Tablet, computadora o táctil, sin instalar nada.
Plato personalizado o producto directo del estante.
Inventario, cocina, factura y pago, en un solo paso.
Lo que nos preguntan sobre el módulo de POS.
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